Lo gastronómico, es decir la ingestión de alimentos entendida no como
función de alimentación sino como exaltación emocional, se produce
mediante la excitación de elementos sensoriales: Los elementos de una
preparación son
percibidos, sin duda, mediante los sentidos de cada comensal. Pero eso
no es todo, hay la correspondiente carga afectiva o emotiva con la que
las personas 'coloreamos' las percepciones físicas y que actúa a través
de una intuitiva formación de criterio del comensal, que parte como
todas, desde los primeros pasos
de cada persona, de manera que para disfrutar de un plato, es necesario
que el comensal posea
'herramientas' que le permitan identificar las sensaciones y emociones
que
se le producen.
Por tanto, la experiencia gastronómica del comensal aparece como un proceso complejo mediado por los platos de los que decimos que
'tienen un sabor'. Al respecto, todos conocemos suficientemente, desde
la escuela, la constitución básica de los sistemas bucales gustativos y
olfativos relacionados con el sabor y lo que constituye una teoría de
los sabores. Pero de la misma manera, cuando saboreamos una preparación o
un producto, somos conscientes de que esas teorías son insuficientes
para explicar los fenómenos que acompañan a la experiencia gastronómica.
La experiencia gastronómica se produce tras la preparación de un
plato que se describe mediante una receta (probada y experimentada
múltiples veces) que incluye los ingredientes, la preparación y la
presentación.
Obviamente al enfrentarse a la preparación, lo primero es la adecuación culinaria de cada
uno de los ingredientes (por ejemplo el grado de maduración de la carne), luego la
preparación, con un alto contenido técnico y al final la presentación,
en la que hay una parte 'artística'. Una vez concluido podríamos pensar que el plato necesaria mentesatisficiera a cualquier comensal y por tanto
establecer una relación entre recetas y experiencia gastronómica... aunque
inmediatamente encontramos que es un modelo insuficiente (no ante un 'cocido madrileño' responden igual todos los comensales).
Por tanto, al hablar sobre estos temas hay que acudir por supuesto a 'la receta', pero también a la intuición y a la experiencia del que 'presenta el plato' y a la capacidad del comensal para 'entender el plato' y por fin al ambiente en que se produce la degustación.
De esta manera, al ser una 'percepción coloreada emocionalmente', me parece oportuno
referir aquí a Ferran Adriá como docto maestro y consecuentemente dejar de escribir sobre algo tan mágico... lo que sigue sólo serán notas de un aprendiz de aprendices.